© 2018 by Valentina Alvarado Matos. 

Why not begin with materials? The artist meets the world one film roll at a time, her
film miniatures redress and redraw the world in her studio, which is also her camera, her in-camera sessions. Each movie she showed us was shot on a single roll, perhaps she needs these restrictions to find her freedom. They are made of short scenes, episodes of seeing and re-encounter. Language puns
and points – occupying at least two positions at once. She is determined to work her way out of this prison house. From her art/sculpture background she brings a conceptualist’s attention to form, and from her Venezuela home/roots she lends a necessary politics, though without exclamation marks or stridency. Instead her politics infuses her practice, as she carefully deconstructs small figures, or adds painted lines onto a seascape, live, on a sheet of glass placed in front of the camera. She makes word flags and flip books and ceramic bridges that shelter its viewers. These are models of behaviour, of love under colonialism, showing us haunted landscapes and the ghosts who are forced to occupy them, or worse, are made to
leave.
Uprooted, displaced, these are searchings for home. How did Alexandra put it? Venezuela is the egg of South America, the safe place, the one that could be returned to, though all that has changed in recent years.

At ConverSalon, we gathered as a handful of seekers with empty stomachs and open hearts, ready to cover ourselves with Jorge and Alexandra’s lentils and arepas, even while craving Mikel’s cheesecake. We listened to the artist in the living room, who spoke of a newly alive analog experimentalist scene in Barcelona, fuelled by home-made labs and regular screenings. The museum shows two per week, and there are others besides, drawing a steady flow of attendees. These are notes from a scene, a community even, dedicated to the last silver bloom of emulsion, and the face-to-face encounters and relationships that make these minor cinemas possible.

Mike Hoolboom.

https://conversalon.org/conversalon_31-with-with-valentina-alvarado-matos/

Nuevos techos, 2018

Instalación. Fotografía, barro, madera, bloques de construcción

En los últimos años, la crisis migratoria ha sido un tema ampliamente debatido a nivel global, tanto en las noticias y en el discurso político, como en el mundo del arte. En el contexto de una retórica deshumanizadora sobre la inmigración, las artes visuales son capaces de fomentar empatía al actuar como un espejo que universaliza la experiencia de los migrantes a través de la exposición de sus vivencias. Valentina Alvarado Matos, quien actualmente reside en Barcelona, España, donde realiza estudios de doctorado, forma parte de esta generación de creadores conscientes de los efectos de la migración.

A través de su investigación, la joven artista analiza su entorno y comparte imágenes e historias que muestran el lado humano de un proceso transformador profundamente personal, que a la vez afecta a la comunidad mundial. A partir de experiencias propias (pero potencialmente extrapolables a otros sujetos), su obra cuestiona temas relacionados con la permanencia del paisaje, la memoria, los límites geográficos, las fronteras. Con el uso de medios como el video, la fotografía, el collage, el GIF y, más recientemente, la cerámica (un material tan cargado de primigenios valores utilitarios y estéticos), Alvarado ha desarrollado una obra íntima y reflexiva en la cual se combinan tiempo y espacio para brindar una visión interpretativa del lugar y de las consecuencias de tener que abandonar la patria.

El proyecto propuesto por Valentina Alvarado para el Premio Mendoza, Nuevos techos, es una instalación fotográfica que combina elementos de fotografía y escultura para invitar a la reflexión sobre la incertidumbre que conlleva el futuro desde la perspectiva del emigrante. Vistas en conjunto, las siete fotografías que conforman la obra se convierten en una especie de catálogo alegórico de escenarios pretéritos o en un muestrario imaginario de micro-cosmos posibles. Las imágenes de formas frágiles y rotas se erigen en símbolos poderosos tanto del mundo que queda atrás como del incierto porvenir.

Así, conformados a partir de volúmenes y retazos de cerámica quebrados o reconfigurables, estos mundos en deterioro o construcción, más allá de puntos geográficos sobre una línea existencial, nos hablan principalmente (si los vemos desde una óptica prospectiva) de las posibilidades que trae la búsqueda y edificación de nuevos techos. La idea de construcción presente en las imágenes encuentra un eco fuera de los límites del papel fotográfico, pues la artista hace uso de dispositivos museográficos elaborados en madera y barro, materiales asociados desde tiempos inmemoriales a las técnicas constructivas.

Alvarado es una de esas personas que se ha visto en la necesidad de emigrar en busca de oportunidades, proceso que implica una tarea de redefinición del concepto de hogar. En su obra, la artista ofrece una visión personal y humana que refleja la realidad de millones de migrantes, quienes han llevado a cabo un análisis análogo de su contexto originario y de sus múltiples y posibles entornos futuros. Y es que una vez se deja la patria, todos los caminos se convierten en una opción.

Maria Carlota Pérez - Applebaum.

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